Editorial: Tardío desengaño de los socialistas

EditorialTardío desengaño de los socialistas
APARENTEMENTE, el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, protagonizó ayer un primer atisbo de autocrítica al reconocer que la información que tenía el Gobierno «no se correspondía con la voluntad de la banda terrorista» y que, además, ha habido «un problema de interlocución». Blanco no es miembro del Gobierno ni su portavoz, por lo que su opinión sólo tendrá verdadero valor político cuando Rodríguez Zapatero la refrende y cuando Pérez Rubalcaba reconozca que las verificaciones del alto el fuego llevadas a cabo por su Ministerio no fueron acertadas. Tales verificaciones permitieron al ministro de Interior afirmar que «el proceso tiene bases sólidas», y al presidente del Gobierno, acudir a un salón del Congreso de los Diputados -que no es lo mismo que dirigirse al Parlamento- para anunciar el inicio del diálogo con ETA. Visto con perspectiva, Blanco, a la sazón «número dos» del PSOE, dio ayer la razón a quienes dudaban de la calidad de los datos que manejaba personalmente Rodríguez Zapatero sobre las intenciones de los terroristas, a quienes cuestionaban las verificaciones del alto el fuego y a quienes, desde un conocimiento mucho más certero sobre ETA, advertían de que el Gobierno había elegido a interlocutores que no eran cauces fiables de comunicación. A esto se le llama negligencia inexcusable.
Lo que no está en el ánimo de esta autocrítica de Blanco es un verdadero propósito de enmienda. El vicio de origen del proceso de negociación con ETA no ha sido el desacierto en las personas de los interlocutores, sino en los principios del mismo, en convertir el fin de ETA en una transacción política y no en una derrota incondicional de la violencia. Lo más probable es que el Gobierno confundiera sus deseos con la realidad y oyera lo que quería oír y no lo que realmente le estaban diciendo desde el otro lado de la mesa. En cualquier caso, si las palabras de Blanco limitan el problema a una cuestión de procedimiento y no de concepto, la sospecha de que realmente el presidente del Gobierno da por rota la tregua, pero no el proceso de negociación, no hará más que aumentar. El PSOE no tiene derecho a llamarse a engaño con sus interlocutores. El etarra Urrutikoetxea, «Josu Ternera», es un prófugo de la justicia y Arnaldo Otegi, un delincuente habitual, porque ha sido varias veces condenado. Es cierto que el Gobierno ha tenido un problema con la información, pero con la que transmitía a la opinión pública; y es cierto que ha tenido un problema con los interlocutores, pero con los que lo representaban en los contactos con ETA y Batasuna.
La banda terrorista ha sido muy clara en sus comunicados y «zutabes», con la violencia callejera, el alarde fusilero de Oyarzun y el robo de pistolas. Pero desde el PSOE y el Gobierno se decía que estos eran actos de «consumo interno», mensajes de ánimo a unas bases a las que luego la dirección etarra iba a engañar y, en todo caso, no reflejaban la verdadera voluntad de ETA, cuyo conocedor más fiable era el propio presidente del Gobierno. Por eso, disculparse ahora diciendo que ETA ha pasado por encima de Batasuna o que ha dejado a esta formación ilegal fuera de juego es seguir demostrando una ignorancia sin matices sobre la organización etarra. El Gobierno creyó que Batasuna era, entre otras, la principal moneda de cambio de la paz, de forma que su legalización y la presentación a las elecciones iban a ser suficientes para un cese definitivo de la violencia. Sin embargo, este planteamiento sublimaba la importancia de Batasuna en ETA, cuando sólo es un instrumento al servicio de la dirección «militar» de la organización terrorista. Además, ETA veía como un victoria diaria que el PSOE y el Gobierno aceptaran la interlocución política de una Batasuna ilegalizada, a la que los socialistas rescataron de la «clandestinidad» en la que ahora dice Blanco que van a seguir.
Se va a cumplir una semana desde que se cometió el atentado y el Gobierno y el PSOE siguen sembrando dudas, ganando tiempo -o perdiéndolo, según se analice- y evitando una rectificación creíble y radical, mientras se demuestra que ETA ya había trasladado a territorio español parte de su arsenal de explosivos para cuando el presidente del Gobierno anunció el 29 de diciembre una Navidad sin bombas y un futuro mucho mejor.




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