Editorial: Valencia, objetivo de ERC


Editorial
Valencia, objetivo de ERC
LAS demandas nacionalistas basadas en derechos históricos difusos, situados al margen de cualquier filtro crítico, suelen derivar en dos actitudes políticas: el victimismo y el irredentismo. Con la primera, los nacionalistas se consideran con derecho a no ser juzgados nunca por sus propios actos, porque la responsabilidad de sus errores siempre recae en otro, normalmente el culpable absoluto de la frustración de las aspiraciones nacionalistas. Con el irredentismo, los nacionalistas se aseguran un estado permanente de movilización gracias a la demanda de reunificación de territorios separados por la mano negra del Estado central.
Ambas imposturas se sustentan en ficciones, que, sin embargo, acaban siendo creídas y convertidas en motivaciones políticas. Así sucede en el País Vasco, con el anexionismo soberanista sobre Navarra y los tres territorios del sur de Francia. E igualmente con los defensores del pancatalanismo, de forma especial, pero no el único, con Esquerra Republicana de Cataluña, que se ha propuesto aprovechar las próximas elecciones municipales para aumentar su presencia en los consistorios valencianos. Los republicanos, según la información que hoy publica ABC, aspiran a presentar sesenta candidaturas y mejorar su simbólica representación municipal, reducida actualmente a tres ediles en toda la comunidad. El proyecto no cuenta con perspectivas favorables, y no sólo porque ERC debe enfrentarse en Cataluña a la posible fragmentación de su electorado por la aparición de nuevas formaciones, radicalmente independentistas, que repudian la «moderación» táctica de Carod-Rovira y los suyos. Si el mensaje pancatalanista no tiene recorrido en la Comunidad Valenciana, es más porque se trata de un discurso de ciertos sectores académicos y de izquierda
minoritaria que de una demanda social. Sin embargo, es la prueba de que los nacionalismos más extremistas no atemperan sus planteamientos sólo porque se les hagan concesiones. Al contrario, las juzgan como un signo de debilidad del Estado que debería contenerlos. Y así es como un nuevo Estatuto de autonomía que reconoce el carácter nacional de Cataluña y apela a derechos históricos de límites arbitrarios -precedido por una persistente política de subvenciones a sectores afines en la Comunidad Valenciana y Baleares- actúa como un estímulo reforzado para los soberanistas y una amenaza para el Estado de las Autonomías, basado en la igualdad y en singularidad de cada autonomía frente al Estado, pero también frente a las demás regiones.
minoritaria que de una demanda social. Sin embargo, es la prueba de que los nacionalismos más extremistas no atemperan sus planteamientos sólo porque se les hagan concesiones. Al contrario, las juzgan como un signo de debilidad del Estado que debería contenerlos. Y así es como un nuevo Estatuto de autonomía que reconoce el carácter nacional de Cataluña y apela a derechos históricos de límites arbitrarios -precedido por una persistente política de subvenciones a sectores afines en la Comunidad Valenciana y Baleares- actúa como un estímulo reforzado para los soberanistas y una amenaza para el Estado de las Autonomías, basado en la igualdad y en singularidad de cada autonomía frente al Estado, pero también frente a las demás regiones.



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