El sofisma

El sofisma
Corre la idea de que todo gobierno debe contar con el apoyo de la oposición en política antiterrorista. Es uno de esos tremendos disparates derivados de la creencia en el consenso como tal al margen de los contenidos. Zapatero quiso aprovecharse de esa falacia hasta el punto de que llegó a creer que su «proceso de paz» debería ser secundado acríticamente por Rajoy.
A estas alturas del fracaso trágico del «proceso de paz» hay que decir que, a pesar de sus indecisiones, Rajoy no cayó en la trampa de la fidelidad al Gobierno a cualquier precio.
A pesar de las llamadas a la «unidad» de acción, el PP supo ver con claridad que la principal obligación de la oposición es analizar la política antiterrorista del Gobierno y, a partir de ahí, apoyarla, corregirla o condenarla. Es cierto también que no era muy aventurado rechazar el proyecto de Zapatero, ya que el llamado «proceso de paz» estaba basado en la solución del terrorismo a partir de la negociación con ETA sin que ésta fuera precedida por la entrega de las armas. No sólo esto: el «proceso de paz» se convirtió inmediatamente en motivo de alarma pública al traducirse en una política de convivencia cotidiana con la ilegal Batasuna con grave daño para el Estado de Derecho: aceptación del terrorismo callejero, hegemonía social de las fuerzas independentistas, renuncia a las obligadas acciones fiscales y policiales, rearme descarado de la banda...
¿Cómo en estas circunstancias se podría defender una política antiterrorista común? ¿O acaso no era evidente que la estrategia de ZP tenía tan sólo el objetivo de convertir la autonomía del País Vasco en la soñada Euskal Herría, esto es, en la «paz»? El terrible castigo de Barajas es la advertencia salvaje que ETA hace al Gobierno a partir de los acuerdos a los que han podido llegar, desconocidos no sólo por la sociedad, sino por gentes muy próximas a Zapatero... Así que habrá más Barajas sin que por ello alguien pueda concluir que se ha roto el alto el fuego. En estas circunstancias, el PP estaba obligado a oponerse a la política «antiterrorista» del Gobierno. La unidad de acción habría sido la aceptación de un sofisma que conduce al infierno.




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