La Policía avisa que la banda usa a su brazo político de lanzadera para reabrir el proceso

La Policía avisa que la banda usa a su brazo político de lanzadera para reabrir el proceso
D. MARTÍNEZ/J. PAGOLA
MADRID. ETA utiliza a Batasuna para que, mediante discursos supuestamente «conciliadores» e incluso tímidamente críticos, reabra la puerta del «proceso de paz», que nunca se ha llegado a cerrar con candado, pese al atentado de Barajas. Fuentes antiterroristas insisten en que la criminal acción creó confusión y malestar en sectores de la izquierda abertzale. La «mesa nacional» se reunió con carácter urgente y algunos de sus dirigentes, como Otegi, Goiricelaia y Díez Usabiaga, emplearon un tono crítico. Como siempre, se impuso la línea más dura de Rufino Etxeberría y Karmelo Landa, que transmitieron las consignas de la «vanguardia»: «El atentado no rompe el proceso, más bien al contrario, debe impulsarlo». Batasuna cerró filas y se puso al servicio de la estrategia etarra. DE nuevo, ya el día 30 de diciembre, quedó de manifiesto el papel subsidiario de Batasuna.
Informes de la Policía y la Guardia Civil confirman la teoría de las «declaraciones trampa», en las que se están prodigando en los últimas días dirigentes como Otegi y Usabiaga. La estrategia persigue tres objetivos. En primer lugar, mostrarse como una formación aparentemente autónoma respecto a ETA, al estilo del Sinn Fein - escenifica un desmarque de Barajas-. En segundo lugar, se camufla bajo un discurso «conciliador» -con supuestos llamamientos a la banda para que abandone la dinámica de amenazas planteadas en su último comunicado- , y, en tercer lugar, pretende presentarse como impulsora de un «proceso de paz» agónico, como la única esperanza para que no haya más Barajas.
Con esta estrategia, Batasuna intenta recabar «méritos» para poder presentarse a las próximas elecciones. La portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkarate; José Luis Rodríguez Zapatero y el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, ya se han apresurado a valorar estos «pasos». Y, además, con esa misma estrategia, la coalición hace de «lanzadera», le allana el camino a ETA en su pretensión de que se reabra un «proceso» que, a decir verdad, ni los 200 kilos de amonal reforzado habían acabado de enterrarlo.
Los observadores ya habían apuntado que con el brutal atentado los terroristas no querían dinamitar la negociación, sino presionar hasta el máximo al Ejecutivo.
Un informe de la Policía, fechado el pasado 10 de enero, concluye que tras la explosión de la T-4, ETA y Batasuna coordinaron sus mensajes. Esto es, se constata sintonía, en el contenido y sincronización, en el tiempo, entre el comunicado leído por Otegi el 8 de enero, en el que la coalición hace un llamamiento a la banda para que mantenga el «alto el fuego permanente», y el difundido al día siguiente por los terroristas, en el que escenifican una respuesta al emplazamiento, esto es, que sí, que la tregua sigue en vigor, aunque introducen amenazas.
En esa misma estrategia trampa, según otro informe de la Guardia Civil, se enmarcan las declaraciones de Otegi, admitiendo «estupor» en sectores de la izquierda abertzale y la necesidad de una «reflexión». El secretario general de LAB, Rafael Díez Usabiaga, se sumó ayer asegurando que «no hay proceso con bombas». En su opinión, «el diálogo y el acuerdo» deben sustentarse «en una realidad de no violencia».




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