«¡Socialismo o muerte!»

«¡Socialismo o muerte!»
Lo más enternecedor es escuchar a los analistas que intentan convencernos de que a pesar de las evidencias disponibles las cosas no son tan negativas como parecen. Es como cuando hablas con un embajador acreditado ante un Gobierno despótico, corrupto y ansioso de confrontaciones externas. El diplomático allí destinado procura casi siempre dar una imagen menos negativa; intenta convencerte de que hay posibilidades de diálogo; ansía engañarse y engañarte haciéndote creer que con sus buenos oficios logrará mantener la paz y la estabilidad vigente aunque sea la paz de los cementerios y las estabilidad de un sistema penitenciario eficiente.
Un sinnúmero de observadores han estado durante meses dando la matraca con «el nuevo Daniel Ortega», el estadista moderado en que se habría reencarnado el viejo revolucionario sandinista que ahora es feligrés de Misa casi diaria y comunión frecuente. El hogaño muy católico presidente de Nicaragua tuvo a bien retrasar por unas horas su toma de posesión para dar tiempo a llegar a la ceremonia al reinstalado Hugo Chávez. Y quién sabe si para sentir su renacida fe reforzada por la declaración chavista de que «Cristo fue el socialista más grande de la Historia». Con eso ya estamos todos.
Este nuevo Ortega se ha desprendido de todos aquellos sandinistas que en su anterior paso por el poder dieron una imagen moderada. Se ha rodeado ahora de los más fieles, empezando por su propia mujer, Rosario Murillo, la madre de Zoilamérica, la joven que denunció a Ortega por abusos sexuales. Murillo será parte del Gobierno como portavoz. Desde luego, quién puede conocer mejor que ella las ideas e intenciones de Ortega. ¡Cómo negarlo!
Chávez y sus aliados están crecidos. Ya tienen bases sólidas en Nicaragua y Bolivia. El goteo de muertos que empieza a haber en las manifestaciones contra Evo Morales no cuenta. Evo está por encima de esas minucias. Y si alguien lo duda, que recuerde el lema guevarista del que Chávez ha vuelto a hacer bandera: «¡Socialismo o muerte!»




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