Zapatero sienta las bases de otro «proceso» en una reunión secreta con Ibarretxe

Zapatero sienta las bases de otro «proceso» en una reunión secreta con Ibarretxe
J.L.J./M.L.G.F.
MADRID/BILBAO. Una reunión sin aviso previo entre Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe, ayer por la tarde en La Moncloa, ha sentado las bases de un nuevo «proceso» de «diálogo» tras el desconcierto y la «sorpresa» que causó, sobre todo en el Gobierno, el atentado en la T-4 y el asesinato de dos personas por ETA. La reunión secreta con el lendakari, que está imputado y tiene que declarar ante el juez el día 31 por su reunión con Otegi, se produce 24 horas después de que todas las fuerzas políticas parlamentarias, pilotadas por el PSOE, aislaran al PP del debate de política terrorista, estableciendo así una suerte de «cinturón sanitario» frente al único partido que estaba poniendo en apuros ante la opinión pública la política anti ETA de los socialistas.
Moncloa se limitó a enviar a las ocho de la tarde un comunicado de dos párrafos, en el que informaba de que la reunión duró dos horas «en un clima de plena cooperación». No obstante, fuentes del PNV consultadas por ABC fueron más taxativas y relacionaron el encuentro con el propósito de «impulsar el diálogo», porque «sin diálogo no hay esperanza». Horas antes, la portavoz del Gobierno vasco, Miren Azkárate, puso negro sobre blanco los objetivos del PNV: «La única vía para acabar con el terrorismo es seguir intentando» el diálogo con ETA.
No apuntilló el «proceso»
Zapatero reabre así un «proceso» que nunca quiso apuntillar. En los últimos días, una secuencia de declaraciones provenientes del «complejo ETA» (Otegi, Usabiaga, Permach) sedujeron al presidente. Zapatero, en el macroacto de «rehabilitación pública» del pasado miércoles, en el que dijo que habría que estar pendientes de los ecos que llegaban de Batasuna, supuestamente sorprendida por el atentado.
Este comentario sirvió para convalidar de un plumazo la intensa labor de convencimiento que Josu Jon Imaz, presidente del PNV, ha ejercido sobre Zapatero para que explote las supuestas diferencias entre una parte de Batasuna y ETA. Como hemos informado, las servicios de información han advertido que estos cantos de sirena son una mera pose de Otegi y otros portavoces para reclamar de nuevo la atención de Zapatero.
El papel de Imaz ha sido fundamental para llevar a Zapatero a la antesala de un nuevo proceso de contactos con Batasuna/ETA. Los casi sonrojantes elogios que el PNV recibió del presidente del Gobierno desde la tribuna del Congreso el pasado lunes evidencian que Zapatero ha optado ahora por implicar al nacionalismo vasco en este nuevo «proceso» para no exponerse en solitario a cualquier contratiempo.
La reunión con Ibarretxe, antes de la ya anunciada con Imaz, integra a «todo el PNV», según fuentes nacionalistas, que añadieron que «no cabe esperar dos discursos del PNV ante Zapatero, ya que nuestro partido es el único que tiene por escrito, desde octubre de 2005, su posición respecto al proceso de pacificación y normalización política».
Si el PNV (Ibarretxe e Imaz) es ahora el socio de referencia, Zapatero quiere implicar también a todas las fuerzas ajenas al PP en el Pacto Antiterrorista, según fuentes socialistas. Es un blindaje más en caso de fracaso y una forma de expulsar al PP, partido incompatible, dicen en Génova, con las presumibles propuestas «disparatadas» provenientes de partidos como ERC, que aboga por la negociación política con los terroristas.
El Gobierno vasco es más franco en sus pretensiones. Ayer, su consejero de Justicia, Joseba Azkárraga, además de mostrarse confiado en que Zapatero tenderá la mano a ETA, pidió al presidente que «finiquite» de una vez su relación con el PP. Sentencia que coincide con uno de los puntos esenciales del comunicado que la banda hizo público tras el atentado, en el que proponía a las «fuerzas democráticas dejar a un lado al PP-UPN y a la derecha fascista del Estado español, y atreverse a realizar la segunda reforma del Estado español».
Fuentes socialistas reconocen que el Pacto «agoniza» y que la Ley de Partidos asoma como elemento clave de la hipotética negociación que se prepara. Otro elemento se pone sobre la mesa abiertamente: la política penitenciaria. Ley de Partidos (que el nacionalismo repudia) y presos fueron las condiciones que el PNV impuso para activar el Pacto.




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