
Mi SMS que no recibirán
ANTONIOBURGOSCONVIENE de vez en cuando ir contra corriente, como el salmón. Si el salmón no fuera contra corriente, río arriba, tendría el interés de un jurel o una pijota, ninguno, y no estaría estos días en las mejores mesas, con sus alcaparritas y su huevo duro troceadito. Pregúntenme lo que quieran de ir contra corriente, que tengo hecho un máster contra el aborregamiento general. Y aplicando sus enseñanzas, como me declaré enemigo en su día de los zapatos de rejilla y de los calcetines blancos, o de los platos cuadrados en los restaurantes, o de los camareros vestidos de negro, o de la tomadura de pelo de la nueva cocina, ahora soy objetor de todas las cosas absolutamente inservibles que vienen en el teléfono portátil que nos costó carísimo y que valen para todo, menos para hablar de viva voz con la gente. Nos compramos u obtenemos por acumulación de puntos unos teléfonos («terminales» dicen los cursis) que, menos café, hacen de todo.
-Pues no desespere usted, que creo que Telefónica tiene en estudio un nuevo móvil que no sólo hace café, sino que el hijo de la gran puta te pregunta si lo quieres solo o con leche; teléfono que, ya lo verá usted, es estrictamente la leche.
Venía diciendo que soy de los raritos que usan el teléfono sólo para hablar por teléfono, no para sacar fotos de la nieta y dar con ellas el coñazo al prójimo como quien le obliga a ver el vídeo de su último crucero por las islas griegas. Soy de los raritos que no usan el teléfono como cámara, ni como agenda, ni como magnetófono, ni como almanaque. Y mucho menos como máquina de expedir ese horror de las presentes Pascuas de Navidad y Reyes que es el SMS. En mi vida he puesto un SMS. Estoy hasta por ponerlo en mi curriculum y en la solapa de mis libros: «Es hijo adoptivo de Cádiz y en su vida ha puesto un SMS». Y no lo crean mérito. Es torpeza. Admiro la destreza de los chavales que con una sola mano te escriben El Quijote y la Epístola Moral a Fabio con las teclillas como lentejitas del teléfono portátil.
-¡Qué optimista es usted! Los chavales no pueden hacer esas cosas...
-¿Porque no dominan bien las teclitas como lentejas?
-No, hijo mío; porque no tienen ni zorra idea del Quijote y mucho menos de la Epístola Moral. ¿Pues no que uno de ellos, en un examen, preguntado por Quevedo, ha contestado que es el personaje de una novela de espadachines de Arturo Pérez Reverte?
Pues aunque no sepan que el tiempo muere en nuestros brazos, y ellos se lo pierden, admiro a los chavales su destreza en escribir tonterías y enviarlas a los amigos mediante SMS en las presentes Pascuas y Nochevieja. Y bien que me gustaría, la verdad, aguzar el ingenio y tener destreza en estos trabajos manuales de los mensajes cortos sobre los tacones y el conejo, para desearles a todos mis lectores, pero de un modo personalizado, muy Felices Pascuas de Navidad y Reyes y un 2008 completamente Virgen de Fátima...
-¿Cómo un 2008 completamente Virgen de Fátima, qué es eso?
-Sí, de «por lo menos como estaba, Virgen de Fátima».
Y me encantaría poner en esos textos todas las contradicciones del sistema, con la brevedad de los anónimos redactores de estos grafiti de las nuevas tecnologías. Decirles, por ejemplo, que cómo es posible que el Gobierno proclame continuamente que la economía va de cine y que nuestro bolsillo esté cada día más de película de terror, entre las hipotecas y el subidón de los precios. Que cómo es posible que una televisión privada, a la hora de celebrar los 70 años de Su Majestad el Rey, le haya obsequiado en vez de con una tarta de 70 velas, con 70 malas puñalás te den con las insidias sobre su biografía. Que cómo es posible que en esta sociedad, cada vez más antinorteamericana y más proislámica, el que esté en alza sea Papá Noel, más yanqui que la Coca Cola, y que los Reyes Magos de Oriente, que son puritita Alianza de Civilizaciones, anden de capa de armiño caída. Den, pues, por recibido esos SMS que nunca escribiré. Mensajes tan proliferados y atosigantes que hasta me hacen creer que los Reyes Magos no son Melchor, Gaspar y Baltasar, sino Movistar, Vodafone y Orange.
El último destrozo
IGNACIOCAMACHOES como Demolition Man. No deja en pie nada que funcione. Destruye consensos políticos, estabilidades territoriales, armonías sociales, pactos de convivencia, arquitecturas de Estado. Pero hasta ahora mantenía a salvo ciertas infraestructuras básicas; aunque no construía otras nuevas, al menos no se cargaba las existentes. Pues bien, como digno colofón a su mandato liquidacionista, Zapatero está a punto de destruir uno de los pocos elementos de vertebración estructural que quedaban a salvo de contingencias: el prestigio y la eficacia del AVE, orgullo de las comunicaciones españolas y, oh casualidad, la obra magna del legado felipista.
Cuenta para la tarea con la colaboración preciosa e inestimable de Magdalena Álvarez, esa ministra-bulldozer capaz de devastar cualquier cosa en la que ponga las manos. No hay equilibrio que se le resista ni sistema que soporte su ímpetu destructor. Conoce todos los modos y resortes para extender el caos, no sólo a los proyectos de nueva planta, sino incluso a cualquier mecanismo u organización que marche razonablemente. Fracasa en lo que hace y arruina lo que ya está hecho. Nunca falla: su potencial aniquilador, su vigor descacharrante y su energía zapadora son universales, íntegros, ecuménicos e incontestables.
Juntos, Zapatero y Magdalena están logrando lo que parecía incluso fuera de su alcance. En quince años de funcionamiento, el AVE se ha comportado de manera absolutamente fiable. Puntual, rápido, seguro, infalible, ejemplar. Pues bien, en pocos días, y mediante esfuerzos de precisión demoledora, el Gobierno ha conseguido abatir el pájaro de acero a perdigonazos de ineficacia, y convertirlo en un albur de estropicios, retrasos y averías. Lo asombroso es que no sólo han sembrado el desorden y la confusión en las nuevas líneas de Málaga y Valladolid, inauguradas con manifiesta precipitación y sin respetar los preceptivos períodos de prueba, sino que han extendido los fallos al impecable servicio entre Madrid y Sevilla, que llevaba tres lustros sin registrar el más mínimo problema. Un récord.
No deja de resultar significativo que la última gestión (?) de este Gobierno haya sido la puesta en cuestión del más preclaro símbolo de la etapa felipista. Zapatero ha desarmado a conciencia todo el entramado institucional urdido por González para cerrar la Transición mediante pactos de Estado. Ha quebrantado los consensos básicos de política antiterrorista, asuntos exteriores, memoria histórica y solidad territorial. Y ahora, como broche final, desbarata el crédito del AVE, hundiendo su contrastada fama de solvencia y efectividad en una precipitada aventura de improvisaciones y urgencias. El presidente ha cerrado el mandato como lo empezó, con un empeño concienzudo de revisionismo estéril. Su mandato ha sido el de un anti-Midas de la democracia: todo lo que ha tocado lo ha echado a perder. El mal lo ha hecho bien y el bien lo ha hecho mal; por eso acaba solo, como un niño rodeado de los juguetes que él mismo ha roto.
Demandas JONJUARISTIHACE ocho años, tras la ruptura de la penúltima tregua/trampa de ETA, un señor llamado Gerardo Markuleta Gutiérrez -de profesión, al parecer, escritor eusquérico- publicó un artículo en la edición vasca de un diario de tirada nacional, insinuando que podía caber cierta responsabilidad en dicha ruptura a algunos intelectuales vascos caracterizados por su intolerancia al nacionalismo. El único nombre que mencionaba de ese supuesto grupo era el mío, y me atribuía de paso ofensas al eusquera, que se guardaba de concretar.
Era uno más entre los numerosos ataques que, en idéntico sentido, se me dirigieron esos días desde el ámbito nacionalista. ¿Motivo? Haber sostenido que la tregua era un engaño y haber predicho con bastante aproximación cuándo la romperían. Gerardo Markuleta no pecaba de original. Lo que me preocupaba del artículo no era tanto su contenido -se limitaba a señalar, como los demás, una posible cabeza de turco, supongo que para que alguien la incluyera en su agenda-, sino el medio en el que había aparecido. Las otras denuncias venían, como era de temer, de emisoras y publicaciones abertzales. El artículo de Markuleta había sido publicado por un respetable diario en cuya sección (nacional) de opinión yo solía colaborar. Llamé al director de la edición vasca para comunicarle que ejercería mi derecho de réplica. Este, con quien me unía una antigua amistad, admitió que le habían colado un gol, y me pidió encarecidamente que no contestara a la provocación. Accedí al ruego, pero decidí en ese mismo momento marcharme para siempre del País Vasco, en vista del apoyo que podía esperar de los que se decían mis amigos.
Poco después tuve un pequeño rifirrafe con un periodista del nacionalismo que algunos califican de moderado. Durante la tregua había publicado varias columnas contra mí. Lo más suave que me imputaba era deplorar el fin de ETA, porque me hundiría el chiringuito (sic). Aguanté una larga sucesión de insidias semejantes, hasta que no pude seguir callado y, además de acusarle de señalarme como objetivo a la banda -pues qué otra finalidad podían tener afirmaciones como que yo era parte de un plan ZEN-, le llame «basura», de lo que me arrepiento, porque me parece casi un halago. No perdió un minuto para ponernos una demanda, a mí y a Fernando Savater, que había secundado mi acusación. Nos pedía un millón de euros de indemnización por barba. Perdió la demanda y el recurso, y además, según escribió, la confianza en la justicia española, lo que es mucho perder para un nacionalista vasco.
Años después conté el episodio de Markuleta en un libro de memorias. Seguía sin saber quién estaba detrás de ese nombre. El único Marculeta escritor que me sonaba era un pornógrafo antisemita, pero, sin duda, no era el mismo: escribía bien en castellano. Me permití un pequeño chiste -obviamente, de mal gusto- a propósito del apellido, del que dije que era «quizá un seudónimo de Marc Culet, pederasta de Gandesa». Diente de leche por ojo, en todo caso. Don Gerardo Markuleta me demandó por injurias ante un Juzgado de Vitoria, exigiéndome una indemnización de sesenta y pico mil euros. En principio, me alivió que el sentido nacionalista del honor herido hubiera bajado tanto de precio. Me sorprendió, sin embargo, que don Gerardo Markuleta hubiese eludido la posibilidad de demandarme por alinearlo con la banda mediática abertzale que pedía mi testa a quien pueden ustedes figurarse, en noviembre de 1999, y se agarrase, en cambio, a una sospecha de injuria tan improbable. Me recordó, en fin, aquel chiste argentino que recoge Borges (cito de memoria): «Sepa usted que su esposa, con el pretexto de trabajar en un burdel, hace contrabando de género».
Los pleitos son largos y enojosos («tengas pleitos y los ganes», dice la maldición popular), pero terminan. Esta semana me ha llegado la sentencia, que desestima la demanda de Markuleta y le impone los costes. El año no termina mal, aunque, para cierto tipo de valoraciones, el 29 y 30 de diciembre sean fechas gafadas por quien yo me sé. Toco madera.
Réplicas con éxito
¿Se acuerdan del museo Guggenheim de Bilbao? Bien, esta magnífica obra de la arquitectura moderna se ha convertido en la fórmula perfecta para atraer turistas y visitantes. Por eso, el New York Times recogía entre sus páginas cómo la ciudad de Roanoke, en el Estado de Virginia, ha decidido emular la vistosa fachada de la ciudad del País Vasco en su recién inaugurado Museo del Arte del Oeste, valorado en 66 millones de dólares. Según explicaba el filántropo Jim Hackney, «Bilbao ha abierto realmente los ojos de todo el mundo gracias al Guggenheim». Como ven, no sólo a los chinos les da por replicar maravillas arquitectónicas.
Al otro lado del Atlántico, The Guardian recoge la noticia sobre el seminario «para curar la homosexualidad» llevado a cabo por el sacerdote protestante Marcos Zapata. La cabecera inglesa, que atendió a uno de los cursos impartidos por Zapata, pone de manifiesto cómo el Gobierno regional gallego investiga actualmente al cura, mientras organizaciones en defensa de los homosexuales planean acciones legales.
Dejando las salidas del armario a un lado, parece que nuestros primos italianos también podrían comenzar a contagiarse del «poliamor», es decir, un nuevo concepto que anima a mantener relaciones afectivas con varias personas a la vez pero sin casarse. Al menos así lo recogía Il Corriere Della Sera, que además hacía una encuesta al respecto. De momento, cierta cordura sigue reinando entre los italianos, a los que, de momento, eso de compartir pareja no parece convencerles: un 65 por ciento votó en contra de este nuevo concepto amoroso.
En Francia, Le Monde se hacía eco de la polémica sobre las clínicas de abortos ilegales en nuestro país y titulaba: «Los adversarios del aborto se movilizan de cara a las elecciones españolas». El rotativo galo hablaba sobre la movilización convocada para hoy en Madrid y destacaba que el 97 por ciento de los abortos en nuestro país se realizan en clínicas privadas. Por supuesto, la cabecera también aseguraba que los centros privados acusan al Gobierno de «haberles abandonado a su suerte» en lo que a este delicado tema se refiere.
Puertas al campo
Concluye el año ominosamente. Fuera de España, el asesinato de Benazir Bhutto anticipa borrascas terribles, cuya naturaleza no sabemos todavía estimar. Es obvio que ha cambiado la lógica por la que se rige el mundo y que andamos a ciegas, como queriendo medir, con los pulpejos, el tamaño de algo que es enorme y que no se parece en absoluto a las cosas que con las que estábamos acostumbrados a rozarnos. Al tiempo permanece vívida, obstinada, una sensación, o mejor, el sentimiento de un contraste. Yo enunciaría ese sentimiento así: mientras el mundo se pone serio, nosotros nos ponemos lelos, tontos de capirote.
Resulta imposible repasar el sainete nacional, sin que a uno se le suba el pavo, como en esos sueños en que se pasea en cueros frente a una multitud. Los trenes de alta velocidad se atascan, porque se han puesto a rodar antes de tiempo; un juez estrella invierte sus criterios procesales sin que medie una explicación; el PNV prepara la independencia del País Vasco, mientras Cataluña la amaga y exige, a modo de reparación temporal, sólo temporal, el lenitivo de más inversiones. Parece que nos hubiera picado un tábano, y que, excitados por la punzada, no se nos ocurriera nada más inteligente, ni más decoroso, que bailar el claqué. Bailarlo hasta la extenuación, con un canotié festivo encajado en lo alto de la cabeza.
El espectáculo es tan grotesco, que alguna gente sesuda ha decidido decretar que se trata de un espejismo. Intentaré reproducir el laborioso ejercicio mental que desemboca en este diagnóstico. Se constata, correctamente, que la democracia viene durando en España más de un cuarto de siglo. Se advierte, correctamente también, que hemos ganado posiciones en lo económico, al extremo de adelantar a Italia en renta per cápita. De ahí se deduce que hemos conseguido ser un país serio. Y por tanto, que no es posible que nos estén ocurriendo los accidentes que nos descalifican como eso, como país serio.
Pero los accidentes, ¡ay!, son reales. En consecuencia, no somos un país serio. Comprobaremos, pronto, lo que nos va a suceder por no serlo.
Padecemos cuatro debilidades altamente preocupantes. En primer lugar, se han venido abajo las instituciones. Lo demuestra, dramáticamente, el trance que a la sazón atraviesa el Tribunal Constitucional. Las imperdonables ligerezas del presidente han acelerado la ruina de un órgano muy deteriorado por la presión de los partidos y prácticas políticas poco recomendables, y en absoluto recientes. Se ha ingresado, finalmente, en una fase que cabe tildar de terminal. El Gobierno necesita que el Tribunal condone sus errores. La oposición quiere usarlo para derribar al Gobierno, que no es lo mismo que valerse de él para reestructurar el Estado. Los magistrados, asaeteados desde ambos flancos, son los que con más furia bailan claqué. No anda el patio más arreglado en otros departamentos de la Administración.
La índole territorial de la disidencia pone bajo gravísima amenaza la unidad del país. Y quien dice «país», ha de decir también «economía», y no sólo economía. Será interesante observar, por cierto, lo que le sucede al partido que no forme gobierno.
A todo esto sucede -y entramos en el tercer capítulo- que tanto el PSOE como el PP se han encasquillado, en la acepción que recoge el DRAE. Se dice que un arma se ha encasquillado, cuando no funciona por haberse salido de su sitio un cartucho. La ruptura del consenso, desorbitada por la alianza contra natura del Gobierno con fuerzas secesionistas, ha suspendido, de modo indefinido, cualquier política que merezca el adjetivo de «nacional». Sin horizontes ni recorrido, los partidos se están dedicando a lo que el macho de la mantis religiosa, después de que la hembra le haya devorado la cabeza: a ejecutar, ciegamente, el actor procreador, que vale en este caso por ganar las elecciones. Culminar la tarea es importantísimo para los interesados. Pero está por ver qué utilidad va a reportar a los votantes.
Llegamos así a lo más doloroso de todo: la inopia de los ciudadanos. Se nos está preparando un futuro que nadie quiere sin que, al parecer, el personal termine de darse por aludido. Los historiadores indagarán las causas de esta irregularidad en hechos acaso remotos. Yo tengo que ser aquí más prosaico. Zapatero rehusó asumir responsabilidades políticas tras el naufragio de las negociaciones, y no se levantó un clamor exigiéndole que se comportara como lo que es: el presidente del Gobierno. ¿Cómo poner ahora puertas al campo?
La furcia estaba en celo
No hace un mes todavía desde que Hugo Chávez fue derrotado en referendo por los venezolanos y fuimos muchos los que nos alegramos del tropiezo del tirano. Nos precipitamos. Antes de su derrota Chávez había recibido dos duros golpes desde fuera de Venezuela. La bien sabida frase del Rey de España y el revés del presidente colombiano, Álvaro Uribe, que lo dejó sin papel en Colombia, donde intentaba alzarse como libertador de numerosos secuestrados -por razones políticas- en aquel país. Uribe apostó y ha perdido a pesar de tener razón para intentar cortar la intervención de Chávez. Porque Chávez no es un mediador entre las FARC y el Estado colombiano. Chávez es un aliado de la guerrilla que comercia con los secuestrados e intenta hacer avanzar su causa política bolivariana en Colombia.
En este mes se ha gestado una gran tragedia política en Colombia. Porque lo que se ha producido es un cambio dramático por el cual el Gobierno de Uribe se ha visto deslegitimado por otros gobiernos americanos que han apoyado la injerencia de Venezuela en la política doméstica colombiana. La presencia de Néstor Kirchner y los delegados de otros presidentes amigos de la revolución bolivariana en este proceso de entrega de secuestrados, que se ha ido demorando en el tiempo a mayor gloria de su protagonista, es uno de los ejemplos más vergonzosos de manipulación de la opinión pública internacional. Y quizá una de las cosas más graves sea que junto a Gobiernos previsibles en esas materias, como el de los Kirchner en Argentina, el de Ortega en Nicaragua, el de Morales en Bolivia o el de Correa en Ecuador, esté el de Nicolás Sarkozy. Que el presidente de la República francesa esté legitimando la actuación de Chávez es trágico.
La única lección verdaderamente práctica que podemos sacar de esto, una vez más, es que con Chávez toda alegría es prematura. Para el futuro nos conviene a todos recordar los versos de Bertolt Brecht en los que advertía que debíamos contener la alegría ante la muerte del tirano porque la furcia que lo había engendrado estaba de nuevo en celo. Aplíquese la metáfora al caso que nos ocupa.
El Ibex se apunta al negro
El Ibex es uno de esos clubes exclusivos que sólo admite socios que cumplen requisitos exigentes. Cuenta con una treintena de miembros fijos y una decena que entran y salen. Y de todos ellos hay media docena que acumulan dos tercios del volumen del conjunto, de manera que tenemos un Ibex6, otro Ibex25 y un tercero, casi irrelevante, Ibex de 4 a 8.
Todas son empresas de cabecera en sus respectivos sectores que marcan pauta y tiran de las demás o son punto final del trabajo de otras muchas compañías. Del desempeño de Telefónica, de los grandes bancos o de las energéticas con dimensión o de las grandes constructoras y concesionarias, dependen, aguas abajo, muchos otros negocios y empleos. Durante los últimos cinco años las cuentas de las empresas de ese selecto club han sido entre buenas y muy buenas. Sólo un aguafiestas, Sogecable, ha sido tenaz en presentar resultados negativos en esa última y determinante línea de la cuenta de resultados que se apellida beneficio. Resultados crecientes en todos los epígrafes: ventas, generación de fondos, inversión y beneficios finales. Y también en dividendos.
Año tras año los crecimientos de estas grandes empresas han sido de dos dígitos, por sus negocios locales y especialmente por su expansión al exterior, por una internacionalización que ha convertido a bancos, constructoras, eléctricas... en multinacionales competitivas en América y en Europa y, pasito a pasito, en Asia.
Y el próximo año no será peor que los anteriores, salvo catástrofes por llegar que no son previsibles. Aunque alguna prensa británica tenga dificultades para entender la competencia de la banca española, superior, tecnológicamente y en gestión de riesgos a la británica, especialmente en banca comercial, esa es la realidad. Y lo mismo sirve para algunos otros sectores, como demuestra, por ejemplo, Iberdrola en Escocia.
Que las tres principales escuelas de negocios de matriz española cuenten entre las diez más importantes de Europa no es casual ni deja de tener consecuencias en la capacidad gerencial y de gobierno corporativo de las empresas españolas. Y eso se traduce en capacidad para adaptarse a entornos más o menos favorables, para gestionar costes y riesgos y para defender buenos resultados.Probablemente lo mejor de la España actual es la capacidad empresarial, la solvencia de sus grandes empresas, insuficientemente acompañadas por una influencia política, académica y cultural que no está a la misma altura. Felipe González se quejaba, años después de la incorporación de España al proyecto de la Europa unida, de que la realidad social y empresarial no acompañaba, ni reforzaba la posición política. Ahora ocurre lo contrario, la posición política no refuerza las estrategias empresariales. Lo demuestra el caso Endesa, tan mal gestionada por el Gobierno, y también el caso Repsol, insuficientemente apoyado en sus posiciones americanas, lo cual obliga a sus gestores a negociar apoyos foráneos para defender su independencia e integridad.
En cualquier caso, lo probable es que los resultados de las grandes empresas en 2008 sean tan brillantes como en 2007.
No es una tasa, es un impuesto
La verdad es que este año los Reyes le van a dejar un buen regalo a algunos. Ya sabe que cuando usted compre un teléfono móvil, un ordenador, o un lector MP3 pagando con dinero suyo de su propiedad, por el que ya ha cotizado sus correspondientes tributos, tendrá que pagar también el IVA, lo cual es algo a lo que estábamos acostumbrados, y ahora además el nuevo impuesto de la Sociedad General de Autores de España, el impuesto SGAE. Lo quieren llamar tasa y tal vez fue una cosa así cuando solamente afectaba a una gama de productos limitada y especializada, como la máquina fotocopiadora, pero ahora ya se ha convertido en algo masivo, porque los productos a los que afecta son de uso universal. El teléfono móvil, por ejemplo, (se les ha olvidado el fijo, por el que discurre la línea ADSL, a través de la que pueden llegar eventualmente descargas ilegales) es ya de un uso tan generalizado que ya no se puede llamar tasa. Eso sólo puede considerarse como un impuesto con todas las letras. Creo que lo que ha propuesto el Partido Popular de retirar este impuesto es lo correcto y si no, deberían hacerlo los tribunales, porque el Estado no puede establecer un impuesto del que se benefician entidades privadas. A mi me suena que eso es poco consistente desde el punto de vista legal.
Ya sé que se ha escrito mucho y mucho mejor que en esta columneja sobre el particular, pero no quisiera dejar de contar una pequeña anécdota familiar: desde tiempos inmemoriales y hasta mi abuelo materno, don Francisco Gabás Mora, mi familia se había dedicado a la cría de animales de trabajo, caballos y mulas. Un buen día llegó el tractor a los campos de Huesca, y mi abuelo perdió su negocio. ¿Debería haber reclamado una tasa de compensación a los compradores de tractores o debería haberse dedicado él mismo a la nueva tecnología? Pues que se apliquen el cuento. Hay artistas de talento que han mandado al cuerno a las disqueras, gestionan sus creaciones a través de le red y se prodigan en conciertos en directo. Otros, más ingeniosos, dan su nombre a una colonia y la venden a buen precio. Y no veo que les vaya tan mal.
ZP, ¡el cambio ya está aquí!
AHORA sí que sí. Se ponga como se ponga la ministra de Vivienda, Carme Chacón. Y, por supuesto, el presidente del Gobierno. El cambio de ciclo ya está aquí. Ya se siente. Al menos eso es lo que deducen los expertos inmobiliarios ante la cantidad de cifras del sector que están haciéndose públicas a ultimísima hora del año.
Allá van algunos de estos datos, aún calentitos, de esta misma semana. Uno: El Euribor, tipo al que se conceden la mayoría de las hipotecas en España, cerrará previsiblemente diciembre alrededor del 4,8%, con lo que retoma la tendencia al alza, interrumpida por los descensos de octubre y noviembre, después de acumular dos años de continuas subidas. Dos: Los visados de viviendas nuevas cayeron un 23% en los diez primeros meses del año, según los datos del Colegio de Arquitectos que publica el Ministerio de Fomento, que atribuye este descenso a la fuerte caída de los visados para viviendas unifamiliares, que casi llega el 40%. Y, tres: El precio de la vivienda usada registró un descenso del 2% en Barcelona y del 0,3% en Madrid durante 2007, la primera caída desde 2000, según el informe anual del portal «idealista.com», que analiza una muestra de 43.255 viviendas de segunda mano en Barcelona, Madrid y Valencia, y que indica que la ralentización del sector iniciada en el segundo semestre de 2006 ha dado paso en 2007 a las primeras caídas de precios que «confirman el fin de un ciclo».
Y ante estos datos concluyentes, ¿qué dice la ministra del sector? El caso es que, mientras para la mayoría de los entendidos, de aterrizaje suave de los precios de la vivienda, nada de nada, la ministra Chacón sigue en sus trece y afirma, por ejemplo, que las caídas de más del 23% en el volumen de visados de obra nueva en los últimos meses «tienen que ver», al igual que el menor crecimiento de los precios, con un «ajuste suave y moderado» en el mercado residencial. Cada uno a lo suyo. ¿A quién creer entonces? Yo, de momento, como creo en los Reyes, en este caso concreto en los «Magos», pues voy a ver si en mi carta de este año les pido un cambio de Gobierno. Sí, así, por si cuela. Por cierto, ¡Feliz 2008 a todos!
Alierta y Botín ya lo saben
POR CRESO
La incorporación de Manuel Pizarro y Javier de Paz al consejo de administración de Telefónica ha tenido numerosas lecturas, casi todas en la misma dirección: la política (cuestión de blindajes ante las próximas elecciones y cosas así). A muy pocos se les ha ocurrido pensar que el presidente de la operadora, César Alierta, esté buscando auténticos «cerebros grises» para elaborar la hoja de ruta de la compañía para el año que viene. Los analistas empiezan a coincidir en una idea: 2008 va a ser, por fin, el año de las fusiones transfronterizas. La situación de los mercados -con muchos de los «actores» notablemente infravalorados por culpa de un castigo bursátil excesivo debido a la crisis «subprime»- hace que la oportunidad la pinten calva. Las acciones de Telefónica han subido más del 42% en 2007, con lo que se supone que su papel debería ser el de comprador. En el proceloso mundo de las ofertas de compra, sin embargo, no existen las verdades absolutas; ningún presidente puede estar seguro, al cien por cien, de que no se va a encontrar un día, encima de su mesa, una opa hostil. Ante esta posibilidad, Alierta ha fichado al mejor defensa central que había en estos momentos en el mercado de invierno. Es probable que no tenga que recurrir a la experiencia que Pizarro ha acumulado en Endesa durante la que ya constituye «la madre de todas las opas». Pero por si acaso, no está de más tener preparada la artillería.
La jugada del «killer» También andan en el Santander dando vueltas a próximos movimientos corporativos. La crisis «subprime» ha puesto a tiro a bancos que hasta ahora parecían inalcanzables. Emilio Botín, que es un «killer» de las finanzas, ni siquiera se plantea la posibilidad de dejar pasar la ocasión. Sólo le falta fijar el objetivo y dar el salto hacia una nueva galaxia financiera formada por no más de cinco bancos internacionales.
Caixa solidaria La Caixa está teniendo un final de año muy movidito, pero, sobre todo, solidario. Al acuerdo pactado recientemente con los sindicatos sobre conciliación laboral y personal para sus ya más de 24.000 empleados, ha añadido su oferta de productos sociales con el lanzamiento de un innovador depósito de ahorro a plazo que permite a los clientes financiar con los intereses de sus ahorros la acción concreta que escoja de entre cuatro proyectos sociales de diferentes ONGs. En concreto, los intereses que se generan se destinan a cuatro proyectos solidarios de ayuda en Zinbawe, Mozambique, Chad y Bolivia.
Así, el actual presidente de la caja catalana, Isidro Fainé, continúa con el mismo espíritu conciliador y solidario que mantuvo durante años su predecesor, Ricardo Fornesa, al frente de La Caixa. Finalmente, Fainé ha logrado alcanzar un protocolo de conciliación muy favorable para sus empleados, que además fomenta el principio de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, un asunto que siempre ha preocupado, y mucho, en La Caixa. De hecho, en 2005, Fornesa había solicitado la acreditación de la entidad y su Obra Social en el Programa Óptima del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, una iniciativa que viene desarrollando el Instituto de la Mujer con el objetivo de impulsar la Igualdad de Oportunidades entre mujeres y hombres en las empresas a través del desarrollo de Planes de Acciones Positivas.
Por tanto, los empleados de la caja catalana disfrutarán, entre otros nuevos derechos, de flexibilidad en los horarios de entrada y salida; ampliación de los permisos de maternidad, paternidad y lactancia y de otros permisos retribuidos, y la mejora y ampliación de los supuestos de excedencia, así como del establecimiento del derecho a la «reserva de cargo» para el cuidado de personas dependientes.
Como dato significativo, recordar que desde 2003, aún con Fornesa al frente de la entidad, la plantilla se ha incrementado en más de 2.000 empleados, de los que alrededor de un 60% son mujeres, lo que posiciona la entidad como una de las empresas que ha generado más lugares de trabajo estable en España. Y creciendo... no olviden que tiene pendiente la oferta de compra por la división de banca privada «retail» de Morgan Stanley, lo que engordaría en breve la plantilla. Unos empleados que obtendrían los mismos derechos conseguidos por los que ya están. Si los empleados «en venta» de Morgan entran a formar parte o no de la plantilla de La Caixa se sabrá el 7 de enero, un día después de la llegada de los Reyes Magos... ¡menudo regalito para algunos si así fuera!
Premios a los abogados Hace tiempo, cuando aún no se sabía quién iba finalmente a quedarse con Altadis -dos eran los principales candidatos: Imperial o CVC- me contaban que Gareth Davis, consejero delegado de Imperial, siempre había sabido rodearse de buenos abogados para hacer buenas operaciones. Para sacar adelante esta oferta sobre la hispano-francesa, Davis llamó a unos expertos en opas: Allen & Overy (A&O). Un despacho en el que los abogados no son precisamente unos auténticos desconocidos, sino todo lo contrario. Íñigo Gómez-Jordana, que dirige el equipo de A&O Madrid, junto a Juan Barona, además de haber asesorado a Imperial Tobacco en todos los aspectos de esta opa ha participado en otras operaciones de igual o mayor calado. De hecho, intervino en la adquisición de Scottish Power realizada por Iberdrola (17.235 millones de euros); asesoró también a Iberia en su venta y reinversión en Amadeus (4.000 millones de euros); a Mediobanca en la adquisición de un importante número de acciones en Endesa; a 3i en la anunciada adquisición de Acciona Airport Services; a JP Morgan en su inversión junto con Doughty Hanson y Mercapital en Continental Auto; a Mercapital en la venta de United Surgical Partners. Como ven experiencia no le falta, y tampoco en el sector que nos ocupa, ya que asesoró en la compra de Commonwealth Brands (cuarto fabricante de cigarrillos de EE.UU.) por valor de 1.470 millones.
No es de extrañar pues que el despacho de abogados haya acaparado recientemente el protagonismo en la celebración anual de las mejores prácticas jurídicas organizado por la revista británica Legal Week, al recibir tres premios: «Firma Internacional de Abogados del año»; «Equipo de Derecho Financiero del año»; y Alan Paul, socio de Allen & Overy como «Abogado del año».
2008, un año de oportunidades
Si atendemos a los pronósticos, todos coinciden en que en el 2008 se verá confirmada la desaceleración de la economía española. Y casi todos subrayan que puede ser mayor de la prevista por la incertidumbre de no saber aún el calado real de la crisis «subprime» y sus consecuencias. Y que aún así las mayoría de las empresas seguirán presentado buenos resultados; y que la Bolsa subirá, selectivamente por supuesto, como este año; y que la inflación seguirá alta; el petróleo por las nubes; el dólar débil y los tipos inciertos. Un panorama que dibuja a 2008 como un año lleno de oportunidades para los mejores y repleto de trampas para los débiles. Porque el mundo empresarial sigue vivo y pide movimientos. A unos, por la heridas de la crisis; a los otros, porque en tiempos de turbulencias es cuando afloran oportunidades claras.
Larga lista de movimientos
La lista de los movimientos corporativos en España para este agitado 2008 es larga. Compras,absorciones, fusiones, ventas parciales para tapar agujeros... Los protagonistas más señalados son la BME de Antonio Zoido -candidata clara a una fusión transfronteriza-; Antena 3, con renovados rumores de nuevos socios; Abertis, de compras; Acerinox, objeto claro de deseo; Criteria, de compras; la Caja Madrid de Miguel Blesa amarrando Iberia; REE y Enagas, una pareja posible para una boda anunciada; Gas Natural y Unión Fenosa, una unión natural, con el permiso de ACS y La Caixa; Telefónica, lista para seguir creciendo, eso sí, al estilo Alierta.
Inmobiliarias a precio de saldo
Movimientos obligados en una atribulada Colonial, hundida en Bolsa y necesitada de aire fresco, más allá del precipitado relevo de Luis Portillo por Miguel Velasco en la presidencia; ACS, con Florentino Pérez y sus socios los March y los Albertos dispuestos, como una piña, a cumplir todos sus planes; Indra, posible presa; Gamesa, lo mismo; Iberdrola, con Ignacio Galán en plan figura; Endesa, en la que se nota la poca química entre José Manuel Entrecanales y Enel y con Rafael Miranda desaprovechado; FCC, que busca compras y algún socio de postín tras aumentar Esther Koplowitz su participación; el BBVA de Francisco González, presa o cazador; Bankinter, con Société bien sujeta por los Botín ; Popular, eterno cortejado, pero con Ángel Ron dispuesto a que sea comprador; NH, posible opado, Telecinco, con cambio de socios; Sacyr, con Luis del Rivero convencido de ganar en Eiffage, pase lo que pase; Repsol, con buenos socios pero necesitado de nuevos aires, y ahora puede; el Santander de Emilio Botín, siempre comprando y que puede dar otro buen bocado a algún gigante herido por la crisis de las «subprime».
Buen pronóstico para la Bolsa
Mientras la Bolsa española cierra al alza por quinto año consecutivo, aunque con mucho menos brío que en los años pasados. Para el próximo año muchos analistas vaticinan subidas en torno al 10%, aunque recomiendan ser muy selectivos. Apuntan a los valores y sectores con posibles movimientos corporativos y a banca, energía y construcción-inmobiliarias, algunas duramente castigadas. En banca pronostican movimientos propiciados por una inconclusa reorganización doméstica y transfronteriza, impulsada por la crisis «subprime» que ha dejado muchos tocados, incluidos algunos gigantes -Citigruop, UBS, RBS, HSHC- que ahora también pueden ser presas.
Mayores incertidumbres
Y para la economía española todos los pronósticos rebajan el crecimiento, con cifras que oscilan entre el 2,5 y el 3,3 % de aumento del PIB. Los precios seguirán desbocados, en el entorno del 4% hasta al menos el tercer trimestre; el Euribor se moverá en niveles similares al actual, con los tipos de interés con ligeras variaciones, con un BCE lleno de dudas. El dólar se moverá en el entorno de 1,4-1,5 por euro; el petróleo en una horquilla entre 70 y 100 dólares/barril. Pronósticos para 2008 que coinciden en las tendencias, aunque con matices. Lo que si está claro es que en tiempos de incertidumbre es cuando los mejores se distinguen de los mediocres y malos. Y como se decía antiguamente: Próspero año. Para todos.
La droga, los «guays» y los «estupendos»
Sensibilización. Esa es la clave que acaba de dar el Congreso de los diputados, tras dos años de estudio, para luchar contra la lacra de las drogas en España, que tantas voluntades anula, tantas vidas se cobra y tantas familias destroza. A buenas horas, mangas verdes. Hasta los años sesenta, la droga era poco menos que patrimonio de artistas e intelectuales de éxito, fundamentalmente extranjeros, aunque el marcado nacional también daba algún que otro espécimen.
La incipiente progresía universitaria de la época, modelo «estupendo», que siempre ha ido de intelectual y de artista, tomó la bandera de «socializar» la cultura y en el paquete incluyó la droga como símbolo de libertad. Empezaron con aquellas festividades casi clandestinas de San Canuto, de exaltación del porro, hasta que llegaron a promocionarlo desde las propias instituciones que se decían progresistas, con aquella «boutade» de Tierno de «a colocarse y al loro». Y luego el caballo se desbocó. De aquellos porros vinieron esos loros y de aquellos polvos, estos lodos. España es una de las principales puertas de entrada de drogas en Europa, además de uno de los países con más consumidores, y con el agravante de que la clientela cada vez se engancha más joven, casi de niños. Ha alcanzado a todas las clases sociales y se ha «etiquetado» por categorías. El porro casi se ha universalizado, las pastillas, junto con el alcohol, se han generalizado como cursillo de iniciación entre una adolescencia y una juventud que flojea en educación, formación y valores; la cocaína sigue siendo el maná de los que ejercen de estupendos y la heroína se ha quedado, para los muertos vivientes, meta de muchísimos de los que empezaron probando un porro por aquello de la modernidad y el loro.
Ahí están las estadísticas: más del 90 por ciento de los «zombis», comenzaron su suicidio a plazos con el hachís. En estos tiempos de demonización del tabaco, se da la paradoja de una creciente «divinización» del hachís, cuando está más que probado que contiene un centenar de sustancias, incluso, más tóxicas que las del tabaco. No nos engañemos, las drogas son, fundamentalmente, un gran negocio de multinacionales mafiosas, en torno a las cuales se mueven billonarias cantidades de dinero en divisiones de productores, elaboradores, transportistas, distribuidores y blanqueadores, con una importante y peligrosa delincuencia asociada en todos los niveles. Macabro capitalismo puro y duro, que además no paga impuestos. Ni un atisbo de progresía.
Ante este panorama, parece que sólo quedan dos soluciones. Legalizarla y abordar el asunto como un auténtico problema de salud pública, integrando todo el proceso -desde la producción hasta la dispensación por prescripción facultativa- en un sistema riguroso y controlado por la Administración. Este modelo arruinaría el negocio de las mafias, y, muerto el perro, se iría acabando la rabia, dicen algunos. El problema está en quién le pone ese collar al perro, porque el Sistema Nacional de Salud, que invocan sus señorías, está para sanar y salvar vidas, no para enfermar y matar usuarios, consecuencia final del consumo de estupefacientes.
La otra solución parece que pasa ineludiblemente por invertir mucho más en Policía y, sobre todo, en educación. Y, desde luego, endureciendo las condenas por esos y penalizando con rigor la apología de la droga. De poco valen las costosas campañas de «sensibilización», si luego, en medio minuto, cualquier comediante de un famoso «club» televisivo tira con insistencia -para regocijo de imbéciles- de la recurrente y siempre simplona gracieta del porro y la «rayita». O desde la propia Radio pública se premia el «divertido» epitafio de un fulano que se había muerto contento, feliz y risueño gracias a la marihuana. ¡Jo, que guays!
La voluntad de Hillary
AL contemplar a Hillary Clinton en el inicio de la dura y larga batalla de las primarias que decidirán si será la candidata de su partido a la Casa Blanca, no puede uno menos que recordar los últimos sesenta años -que es la edad que tiene la aspirante demócrata- de la historia aquel país, seis decenios que, en cierto modo, se someterán al veredicto de los ciudadanos en las elecciones presidenciales.
Hillary Clinton nació (1947) en una de las etapas más eufóricas de la vida de aquel país, los años que siguieron al final de la segunda guerra mundial, para algunos «el momento más grande de embriaguez colectiva que haya conocido la historia de los Estados Unidos». Sueño efímero, porque pronto empezaron los riesgos apocalípticos de la guerra fría y la locura nuclear. A partir de ahí, medio siglo que iba a desembocar en la mayor masacre terrorista de la historia, la de las Torres Gemelas, con aterradoras perspectivas hacia el futuro.
Y entre los días de vino y rosas de la victoria sobre el totalitarismo en Europa y Asia, y los del demoledor golpe del fundamentalismo islámico, la humillación de Vietnam, el asesinato del presidente Kennedy y el de su hermano Robert, el asesinato de Martin Luther King y la sangrienta batalla por los derechos civiles, la explosión de la protesta, de la revolución sexual y la escalada de las drogas de los años sesenta, la conmoción moral del Watergate que le costó la presidencia a Nixon, el derrumbamiento del comunismo como un castillo de naipes sin que nadie lo hubiera previsto, una guerra en Irak y, como colofón, una guerra en Afganistán y otra en Irak, que han oscurecido aún más el futuro.
Hillary Clinton quiere ser la primera presidenta de los Estados Unidos en doscientos dieciocho años de historia, y para ello afronta esa institución peculiar de la democracia norteamericana que son las primarias, en las que las bases de los partidos eligen al candidato al margen de las camarillas que los dirigen. Es como si aquí dijéramos ni Ferraz, ni Génova, sino la voluntad popular. La candidata ha demostrado ya un claro sentido de la realidad al recabar la ayuda de su marido, Bill Clinton, quien un día la humilló con una relación sexual «inapropiada» (fue la expresión utilizada por el presidente en su confesión final).
Clinton ha sido uno de los mejores presidentes norteamericanos, cuya gestión política fue aprobada por el setenta por ciento de la población aún en los peores días, los que coincidieron con el proceso abierto por el fiscal Kenneth Starr para destituirle.
El error de Al Gore fue, por puritanismo y sentido moral frente a un compulsivo mujeriego, rechazar la ayuda de Clinton, gran estratega electoral, en su campaña, y eso le costó la derrota ante George Bush, por quinientos treinta y siete votos en Florida, en las elecciones de 2000.
El apoyo de su marido puede ser decisivo para la senadora por Nueva York a la hora de conseguir la nominación de su marido frente a Barack Obama, un fenómeno en alza.
La batalla de las primarias, en las que sólo pueden votar los miembros registrados de cada partido, va a ser apasionante.
En las elecciones de 1992 Bill Clinton puso fin a doce años de hegemonía republicana. Ahora se trata de neutralizar los ocho años de Bush, al que ni Gore, ni Kerry, supieron frenar. Casos como el de Ángela Merkel, Michelle Bachelet o Cristina Fernández reafirman la voluntad de la mujer en llegar a las cimas del poder. Hasta ahora, la Casa Blanca ha estado cerrada para ellas, y sólo hace diez años que Madeleine Albright consiguió ser, por designación de Bill Clinton, la primera mujer que llegara a gestionar la política exterior del país desde el Departamento de Estado.
Lo que ahora está en juego es la presidencia de los Estados Unidos, el mayor foco de poder del mundo.
Estas fiestas...
UN año más llega la Navidad. A mi mente acude ese villancico exacto, precursor de nuestro destino: «La Nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más...» Por más que digan las teorías de la reencarnación no, no volveremos más, al menos en este cuerpo que me conoce como ser adulto y la tristeza dejada en el aire por el villancico, tiene algo que ver con esta derrota final del cuerpo, por más que creamos en la otra vida.
Como siempre al menos aquí, en Madrid, hace frío, mucho frío, también sol, y las calles engalanadas y con sus luces, multicolores, o al menos encendidas, al caer la tarde, conocen un trasiego inusual de gentes que van y viene desaforadas, en tropel, recorriendo las vías urbanas, llenando los comercios, taponando las entradas por carretera a la capital, como todos los años por estas fechas. Igualito que si regalaran algo. Pero no sólo no regalan, sino que los precios se han disparados en alimentos típicos de la época como mariscos, cochinillo o cordero. También y esto es lo preocupante suben productos básicos como el pollo o la leche...
Tengo que poner el misterio, para pedirle directamente, aquí en casa, al niño Dios, que la vida no siga encareciéndose, no sólo el euribor de las hipotecas que de nuevo va hacia arriba, al alza, amenazando las economías medias familiares, cuando no la bolsa de la compra.
Anoche pensaba en los seres queridos que se me han muerto: mi madre, mi tía, María Angeles, y unas lágrimas de soledad e impotencia cayeron por mi cara. No es que llore sólo estos días, no es que los recuerdos afloren sólo en Navidad, es que en Navidad el recuerdo se afianza, la orfandad se hace más orfandad y la soledad en forma de infinita melancolía... muerde tu alma.
Si fuera posible verlos, charlar con ellos unos minutos, pero no, tienes su cara aún esculpida en ti, eso te salva, y si no está la fotografía para traerte los contornos de ese paisaje tan amado, que es su efigie, su cuerpo, su sonrisa, su boca, sus ojos. Y el páramo frío de la Navidad se va cubriendo de rostros amados, y los interiorizas de nuevo y están en ti, como siempre, y parece que no ha pasado el tiempo, el año, los años... y vences a la densa niebla de la muerte con el recuerdo alado de sus vidas, de sus caras, con su solo recuerdo.
Navidad, mesa más y más vacía en la Nochebuena, pero no, yo haré que este año, como siempre, estemos todos juntos, como si no hubieseis partido, como si aún estuvieseis aquí, a mi lado, para pasar unidos la noche luminosa del Nacimiento del Redentor, vosotros también habréis nacido y así todos juntos cantar, con una media sonrisa los villancicos sabidos, especialmente uno, sí, ese con el que comenzábamos el artículo, no sin cierta ironía y que, a pesar de todos los pesares, nos ayuda a sobrevivir: «La Nochebuena se viene, la nochebuena se va, y nosotros nos iremos y no volveremos más...».
La voz de su amo
La que se montó el otro día, en el Congreso, por el tema del canon, ha sido lo más parecido a un castillo de fuegos artificiales con más petardo que bengalas. El petardeo lo pusieron los de siempre. Con la cabeza embotada de leyes, y la corbata por espíritu, animaron la carga de un impuesto con el que van a seguir trincando. Además de sumar ceros, a la derecha y a cuenta del prójimo, el propósito del citado impuesto es despertar el mercado negro que por otro lado persiguen, dándole así trabajo al policía que duerme bajo su piel. Aquí todo el mundo es sospechoso aunque se demuestre lo contrario. De seguir con tales cuidados, pronto subirán la gasolina alegando que es posible que se coja el coche para ir a comprar los cedés.
El argumento que desenvainan a la hora de aplicar el citado impuesto es tan flojo como la batuta que lleva uno de los recaudadores. Parece ser que, por culpa de los adelantos de la ciencia, el artista se arruina. Tócate esa que anda por ahí abajo. Ahora resulta que los espejos no multiplican las imágenes y que el invento de la Internet es un atraso para que circule la expresión artística. Y sólo pagando impuestos, los espejos dejan de restar y los artistas abandonan la sordidez biliosa de los cuartos de alquiler para entrar en los Selectos Cielos del Arte. Y cuando el calor apriete, se sumergirán en una piscina con forma de riñón donde una sirena les dará de mamar la espuma de su bendita leche. Chúpate esa.
Fue Marx el profeta de barba blanca que vino a llamar plusvalía al trabajo no remunerado. La cosa tuvo su mérito, pues agarró a ese tal Ricardo y le dio una vuelta de guante, convirtiendo así el currelo en el verdadero valor de la cadena productiva. Desde esta imagen, la clase trabajadora se ha ido dejando el pellejo en una montonera de luchas. Y ahora, unos renacuajos hinchados como sapos a punto de irse de varilla nos vuelven a dejar el guante como estaba, y utilizan el estropajo que tienen por seso para borrar el concepto de plusvalía que dejó el profeta, el mismo por el que la disidencia ha luchado durante años. Ahora el trabajo no remunerado ya no es asunto de los que trabajan, ahora es asunto aplicable a unas sociedades de gestión, que llaman, alimentadas por sociedades anónimas que mastican todo lo que se echan al diente. Ahora resulta que la plusvalía es la remuneración por lo no trabajado. Y todo esto lo aporta una mal llamada izquierda que con su trasero envejece el cuero del Congreso y que, en los tiempos del Isidoro, abandonó la disidencia para inspirarse en ese tal Ricardo que postula la economía clásica. Y como muestra el mojón del mandato que favorece la subida del precio de los cacharritos. Parece redactado por el que hizo el manual de la Santa Inquisición a pachas con ese otro que lleva la batuta como si fuera un atizador de castañas, el mismo que cuando joven se dedicó a profanar al maestro Chueca a ritmo de bacalao. Sí, hombre. Y luego está la oposición, más corta que un percebe chico, oponiéndose a destiempo, y por conveniencia más que por convicciones. Hasta el otro día estaban a favor y ahora suman votos con el regalo.
A título personal, servidor, que también es artista pues hace circulitos cuando orina, servidor está encantado de que sus libros se fotocopien, se armen en tapa blanda y así, de baratura, se vendan en los semáforos del Perú y más lejos todavía. Uno escribe para ser leído. Y, ya que ahora la censura no prohíbe los libros y es el precio el que se encarga de ello, un servidor pide que roben los suyos. Cada vez que un escritor pone un manuscrito sobre la mesa del editor, está pagando un precio por anticipado. Y a cuenta de ese precio se pide un líquido, mal llamado «adelanto», pues no le sigue más dinero. Igual pasa con la música. Hay que tener pensamientos más propios de la London Stock Exchange, y hay que ser más reptil que persona para, en nombre de los artistas, echar mano de la equivalencia ricardiana y subir el precio de los cacharritos.
En resumidas, que no hay que respetar la subida, en todo caso tolerarla hasta que llegue la hora de comprar más barato, fuera de España o donde los chinos. De esta forma, el del bacalao con castañas y la cuerda de chorizos embutidos con leyes y estropajo, seguirán con la monserga, utilizando a los soperones como argumento a cambio de una calderilla que no llega ni para esnifarse las rayas del jersey del Evo Morales. Y los que cantan eso de contamíname, mézclate conmigo, podrán despertar al policía que llevan dentro, suscribiendo decretos para perseguir al negrito que no venda sus discos.
Bhutto elige morir
En su autobiografía, reeditada este mismo año, Benazir Bhutto aseguraba: «No elegí esta vida. Ella me eligió a mí». Esa vida incluía el riesgo de morir de forma violenta en un país como Pakistán, donde la dictadura militar y el fundamentalismo islámico, mano a mano, han tejido la red que atrapa a los paquistaníes. Solía decir que «el terrorismo se alimenta de la dictadura, y a su vez el dictador necesita a los terroristas como pretexto para mantenerse en el poder». Bhutto regresó del exilio para romper ese círculo vicioso, con la ayuda de Estados Unidos, para quien Musharraf es ya más tonto que útil. Del plan concebido para llevar algo de estabilidad a la potencia nuclear más volátil, sólo queda un mal agüero: los zapatos blancos de Benazir Bhutto junto al asiento ensangrentado de su coche.
Sabía que tenía numerosos enemigos. Unos, dispuestos a matarla; otros, a dejar que la asesinaran. «Arriesgué mi vida y vine aquí porque siento que este país está en peligro», dijo a sus seguidores poco antes de morir. Había pedido mayor protección policial para sus actos políticos de estos días. Podía haber renunciado a los mítines, o haberse rodeado de una muralla de guardaespaldas, de un cristal blindado. El jueves, al concluir su discurso en Rawalpindi, podía haberse refugiado en el interior de su coche, saludar por la ventanilla. Pero era de esas personas que cuando toman una decisión, asumen las consecuencias hasta el final; era de las que creen que las propias convicciones merecen el riesgo de asomar medio cuerpo fuera del coche. Eso, por más que ella dijera lo contrario, no es un destino, sino una elección. Benazir Bhutto eligió vivir como creía. Por eso ha muerto sin miedo.
Un necio de reglamento
M. MARTÍNFERRANDSI todavía conserva usted, amigo lector, un ejemplar del ABC de ayer, corra a buscarlo. Ábralo por la página diez y, si es afecto a las emociones fuertes, pásmese con la extraordinaria fotografía obtenida por Jaime García durante la conferencia de prensa que siguió al último Consejo de Ministros de 2007. Es una pieza singular que habla por sí sola. Una de esas instantáneas que el talento de los redactores gráficos, reforzado con la ayuda de los dioses del periodismo, consigue en raras ocasiones. Más que un magnífico retrato de José Luis Rodríguez Zapatero es un diagnóstico político de hondura. La plasmación de la más hueca vaciedad. Si mi admirado García consiguiera una imagen tan expresiva y didáctica todos los días, los plumillas que emborronamos estas páginas con nuestras opiniones engrosaríamos las listas del paro. Esas que, según el CIS, constituyen el primero de los epígrafes en la tabla de las inquietudes que compartimos como ciudadanos.
Dicho sea con todo el respeto que merece un primer ministro y con el rigor léxico que obliga a la crítica política, Zapatero es un necio. Un necio solemne y de reglamento. Lo es, además, en las tres acepciones que el DRAE le reserva al adjetivo. No sabe lo que debiera hacer, es terco y porfiado en lo que hace y dice y actúa con imprudencia y presunción. Todo eso se sintetiza y resume, con la elocuencia apabullante de la imagen, en la fotografía que comento y que muy bien podría merecer el próximo Premio Mingote.
Esa expresión perdida, machihembrada con una sonrisa autocomplaciente y fofa, es el rostro de una política que, con asombrosa aceptación popular, ha fracasado en todas sus líneas maestras -desde el «proceso de paz» al desbordamiento autonómico- y que, únicamente en lo macroeconómico, tiene valor y admite defensa. El punto en el que, paradójicamente, los ciudadanos se sienten más a disgusto y preocupados. El paro (40%), como apuntaba más arriba, la vivienda (32,9%) y los problemas económicos cotidianos (29,4%) son las tres patas del taburete en que se sientan la incertidumbre y el desasosiego que nos afligen colectivamente. Van por detrás el terrorismo, la inmigración y la creciente inseguridad ciudadana.
La necedad pública suele viajar acompañada del narcisismo político. El necio, siempre distante de la autocrítica, se complace y regocija con sus propias obras y eso le convierte en peligroso. Ya el maestro Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana o española, naciendo el XVII, nos prevenía, con una cita de Erasmo, que «quanto es mayor el poder, tanto es más dañoso si cae en hombre necio o malo». Malo no se puede decir que sea el hombre, pero necio lo es en tal dimensión que la fotografía de García podría servir para ilustrar el concepto en todas las enciclopedias que reseñen el término. Es necísimo.